QUÉ PASÓ EN LA CRUZ? (Parte II)
Para muchos, la historia de alguien termina en el momento que su corazón deja de latir, cuando sus pulmones dejan de funcionar o su cerebro deja de ordenar, pero no fue así con Jesús, su historia, su vida, su muerte es diferente…
Era la hora sexta, la hora del medio día, la tierra entera estaba enlutada; la naturaleza misma reflejaba que su Creador estaba realizando sus últimos respiros en su cuerpo mortal. Allí, Jesús dijo sus últimas palabras, aquellas que decían que era tiempo de volver a casa.
Padre en tus manos encomiendo mi espíritu
Luego de su último suspiro, la tierra expresó su tristeza, un temblor en el lugar las rocas logró quebrar. En el templo, el velo que impedía que cualquiera pasara hasta el lugar santísimo se rasgó en dos, de arriba abajo. Dejando así las puertas abiertas ante la presencia de Dios a cualquiera que quiera acercarse a Él mediante su Hijo Jesús.
Las personas que estaban allí frente a Jesús, por fin entendieron lo que sucedía, solo que ya era demasiado tarde para darle el lugar de honra y no de burla al Hijo de Dios. El temor se apoderó de ellos. Algunos se alejaban dándose golpes en el pecho, otros reconocían quien era, tal como lo hizo aquél centurión, cuando dijo “verdaderamente éste hombre era el Hijo de Dios”. Mientras todo esto sucedía, con lágrimas en sus mejillas, las mujeres que siempre siguieron a Jesús observaban todo a la distancia.
Ya había pasado tiempo, aun la sangre del Mesías estaba húmeda en el piso, era momento de asegurarse que los hombres que habían sido crucificados habían muerto. Ahora, se cumplirían dos cosas: una orden humana y una profecía divina. La orden humana era quebrar los huesos de estos hombres y bajarlos de la cruz, mientras que la profecía divina era que ningún hueso del Mesías sería quebrado.
Los soldados fueron hacia cada ladrón, y con un fuerte golpe, rompieron las piernas de cada uno. Pero, cuando llegaron hasta Jesús, notaron que Él ya había muerto, así que no le rompieron sus piernas. Sin embargo, otra vez hicieron con Jesús algo que no había sido ordenado, y sin notarlo, ellos estaban siendo los instrumentos para cumplirse las profecías divinas, ellos estaban haciendo que Jesús nos dejara un nuevo regalo de gracia.
Un soldado tomó su lanza, y con mucha fuerza traspasó el costado de Jesús. ¡Una Herida Más! Aun estando muerto, los soldados seguían haciendo de Él actos absolutamente dolorosos, inhumanos. Pero algo asombroso sucedió, y es que de su costado sangre y agua salió.
Sangre, su sangre nos recuerda que por ella fuimos redimidos, por ella obtenemos perdón de pecados, por ella podemos ser llamados “hijos de Dios”. Su sangre nos limpia, nos renueva, nos purifica; pero ¿agua? Sí, ya Jesús había muerto y su sangre se coaguló y largó un líquido transparente, y aunque no puedo explicarlo bien a nivel científico, sé su significado espiritual; y es que esa agua que salió de Él representa al Espíritu Santo de Dios que nos fue dejado como consolador. Recordemos las palabras de Jesús estando en vida con sus discípulos cuando les dijo: “Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.” (Jn. 16:7).
Jesús ya estaba muerto, era momento de sepultarlo pues la pascua estaba muy cercana y debían guardar el día de reposo. Entre especies aromáticas, enrollado en una sábana, fue colocado por dos seguidores silenciosos en un sepulcro nuevo, rodeado de plantas pues era un huerto. Ahí pensaron que sería el mejor lugar para Jesús.
Pasaron tres días, y antes que saliese el sol, muy temprano en la mañana, con flores, especies aromáticas, aun con tristeza en el corazón, iban unas mujeres al lugar donde habían enterrado a Jesús. (Imagino que en el camino planeaban cómo colocarían los perfumes en la tumba de Jesús, el lugar ideal para las flores… no tenían idea de lo que les esperaba).
Cuando estas mujeres llegaron al sepulcro de Jesús, fueron sorprendidas, sus rostros expresaban la impresión que acababan de recibir. LA ROCA HABIA SIDO MOVIDA, entraron inmediatamente y NO hallaron el cuerpo de Jesús, ¡NO ESTABA AHÍ! ¿Qué había pasado? ¿Lo habían cambiado de lugar? ¿Por qué no les avisaron?
Es impresionante como recordamos las cosas que nos convienen, y como olvidamos las promesas que Dios hace a nuestras vidas. Dios nos ha dicho que Él es nuestro proveedor y que nada nos faltará, pero nosotros olvidamos su promesa o tal vez será que dudamos de su poder, nos angustiamos y queremos solucionar todo a nuestras expensas.
Jesús antes de morir les había dicho que al tercer día resucitaría, ¿qué pasó con eso? ¿Lo olvidaron o no lo creyeron?
Estando ahí, en la tumba vacía de Jesús, perplejas, sorprendidas, intrigadas, se les aparecieron dos ángeles, ellos les preguntaron el por qué de su asombro, ¿por qué tanta sorpresa si ya sabían que esto iba a suceder? ¿Por qué llorar si Jesús les había dicho lo que iba a acontecer?
¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado. Acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea.
¿Cuántas cosas te ha dicho Jesús y tú has olvidado? ¿Cuántas cosas te ha dicho el Maestro y tú has dudado? ¿Hasta cuándo esperarás un Ángel para que te confirme que lo que te dijo Jesús se va a cumplir?
No dudes más, no esperes más. Jesús te ha prometido tantas cosas, y a su tiempo las cumplirá, solo cree.
Cuando dudes de sus promesas, solo gira tu vista hacia la cruz.
Cuando te sientas solo, recuerda que Él dejó a tu lado al Consolador.
Cuando te sientas herido o lastimado, recuerda que Él puede sanar tu dolor.
Pero sobretodo, recuerda que Él, Jesús TE AMA y que todo lo que soportó, que todo su sacrificio lo hizo pensando en ti y por amor a ti.
No desprecies los verdaderos regalos de amor, esos que te dejó en la cruz. Su cruz, su tumba hoy están vacías porque ÉL VIVE. Jesús venció la muerte para darte vida, se hizo hombre y sufrió en un cuerpo mortal para que tú puedas obtener el privilegio de ser hecho hijo (a) de Dios, para que tengas el privilegio de disfrutar de una de las mansiones celestiales que Él está preparando para ti.
No desperdicies los Regalos de Su Gracia, los Regalos de la Cruz, los Regalos de Jesús.
Los Verdaderos Regalos de Amor.
Autora de este texto: Danyela Peralta.
Para muchos, la historia de alguien termina en el momento que su corazón deja de latir, cuando sus pulmones dejan de funcionar o su cerebro deja de ordenar, pero no fue así con Jesús, su historia, su vida, su muerte es diferente…
Era la hora sexta, la hora del medio día, la tierra entera estaba enlutada; la naturaleza misma reflejaba que su Creador estaba realizando sus últimos respiros en su cuerpo mortal. Allí, Jesús dijo sus últimas palabras, aquellas que decían que era tiempo de volver a casa.
Padre en tus manos encomiendo mi espíritu
Luego de su último suspiro, la tierra expresó su tristeza, un temblor en el lugar las rocas logró quebrar. En el templo, el velo que impedía que cualquiera pasara hasta el lugar santísimo se rasgó en dos, de arriba abajo. Dejando así las puertas abiertas ante la presencia de Dios a cualquiera que quiera acercarse a Él mediante su Hijo Jesús.
Las personas que estaban allí frente a Jesús, por fin entendieron lo que sucedía, solo que ya era demasiado tarde para darle el lugar de honra y no de burla al Hijo de Dios. El temor se apoderó de ellos. Algunos se alejaban dándose golpes en el pecho, otros reconocían quien era, tal como lo hizo aquél centurión, cuando dijo “verdaderamente éste hombre era el Hijo de Dios”. Mientras todo esto sucedía, con lágrimas en sus mejillas, las mujeres que siempre siguieron a Jesús observaban todo a la distancia.
Ya había pasado tiempo, aun la sangre del Mesías estaba húmeda en el piso, era momento de asegurarse que los hombres que habían sido crucificados habían muerto. Ahora, se cumplirían dos cosas: una orden humana y una profecía divina. La orden humana era quebrar los huesos de estos hombres y bajarlos de la cruz, mientras que la profecía divina era que ningún hueso del Mesías sería quebrado.
Los soldados fueron hacia cada ladrón, y con un fuerte golpe, rompieron las piernas de cada uno. Pero, cuando llegaron hasta Jesús, notaron que Él ya había muerto, así que no le rompieron sus piernas. Sin embargo, otra vez hicieron con Jesús algo que no había sido ordenado, y sin notarlo, ellos estaban siendo los instrumentos para cumplirse las profecías divinas, ellos estaban haciendo que Jesús nos dejara un nuevo regalo de gracia.
Un soldado tomó su lanza, y con mucha fuerza traspasó el costado de Jesús. ¡Una Herida Más! Aun estando muerto, los soldados seguían haciendo de Él actos absolutamente dolorosos, inhumanos. Pero algo asombroso sucedió, y es que de su costado sangre y agua salió.
Sangre, su sangre nos recuerda que por ella fuimos redimidos, por ella obtenemos perdón de pecados, por ella podemos ser llamados “hijos de Dios”. Su sangre nos limpia, nos renueva, nos purifica; pero ¿agua? Sí, ya Jesús había muerto y su sangre se coaguló y largó un líquido transparente, y aunque no puedo explicarlo bien a nivel científico, sé su significado espiritual; y es que esa agua que salió de Él representa al Espíritu Santo de Dios que nos fue dejado como consolador. Recordemos las palabras de Jesús estando en vida con sus discípulos cuando les dijo: “Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.” (Jn. 16:7).
Jesús ya estaba muerto, era momento de sepultarlo pues la pascua estaba muy cercana y debían guardar el día de reposo. Entre especies aromáticas, enrollado en una sábana, fue colocado por dos seguidores silenciosos en un sepulcro nuevo, rodeado de plantas pues era un huerto. Ahí pensaron que sería el mejor lugar para Jesús.
Pasaron tres días, y antes que saliese el sol, muy temprano en la mañana, con flores, especies aromáticas, aun con tristeza en el corazón, iban unas mujeres al lugar donde habían enterrado a Jesús. (Imagino que en el camino planeaban cómo colocarían los perfumes en la tumba de Jesús, el lugar ideal para las flores… no tenían idea de lo que les esperaba).
Cuando estas mujeres llegaron al sepulcro de Jesús, fueron sorprendidas, sus rostros expresaban la impresión que acababan de recibir. LA ROCA HABIA SIDO MOVIDA, entraron inmediatamente y NO hallaron el cuerpo de Jesús, ¡NO ESTABA AHÍ! ¿Qué había pasado? ¿Lo habían cambiado de lugar? ¿Por qué no les avisaron?
Es impresionante como recordamos las cosas que nos convienen, y como olvidamos las promesas que Dios hace a nuestras vidas. Dios nos ha dicho que Él es nuestro proveedor y que nada nos faltará, pero nosotros olvidamos su promesa o tal vez será que dudamos de su poder, nos angustiamos y queremos solucionar todo a nuestras expensas.
Jesús antes de morir les había dicho que al tercer día resucitaría, ¿qué pasó con eso? ¿Lo olvidaron o no lo creyeron?
Estando ahí, en la tumba vacía de Jesús, perplejas, sorprendidas, intrigadas, se les aparecieron dos ángeles, ellos les preguntaron el por qué de su asombro, ¿por qué tanta sorpresa si ya sabían que esto iba a suceder? ¿Por qué llorar si Jesús les había dicho lo que iba a acontecer?
¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado. Acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea.
¿Cuántas cosas te ha dicho Jesús y tú has olvidado? ¿Cuántas cosas te ha dicho el Maestro y tú has dudado? ¿Hasta cuándo esperarás un Ángel para que te confirme que lo que te dijo Jesús se va a cumplir?
No dudes más, no esperes más. Jesús te ha prometido tantas cosas, y a su tiempo las cumplirá, solo cree.
Cuando dudes de sus promesas, solo gira tu vista hacia la cruz.
Cuando te sientas solo, recuerda que Él dejó a tu lado al Consolador.
Cuando te sientas herido o lastimado, recuerda que Él puede sanar tu dolor.
Pero sobretodo, recuerda que Él, Jesús TE AMA y que todo lo que soportó, que todo su sacrificio lo hizo pensando en ti y por amor a ti.
No desprecies los verdaderos regalos de amor, esos que te dejó en la cruz. Su cruz, su tumba hoy están vacías porque ÉL VIVE. Jesús venció la muerte para darte vida, se hizo hombre y sufrió en un cuerpo mortal para que tú puedas obtener el privilegio de ser hecho hijo (a) de Dios, para que tengas el privilegio de disfrutar de una de las mansiones celestiales que Él está preparando para ti.
No desperdicies los Regalos de Su Gracia, los Regalos de la Cruz, los Regalos de Jesús.
Los Verdaderos Regalos de Amor.
Autora de este texto: Danyela Peralta.

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