Sin dar lugar a la duda.
Cuando Dios nos da una palabra, es importante que sepamos
valorarla y atesorarla. En los días de tormenta, en los momentos de desierto,
de soledad, donde fallan las fuerzas, cuando falla la fe… es ahí cuando esa
palabra se hace tan valiosa y tan necesaria.
Es necesario que limpiemos nuestros
sentidos de toda duda, y no escuchemos la voz del enemigo que querrá apagar esa
llama de fe y de esperanza que está aún encendida muy dentro de nosotros.
Las malas experiencias nos indicarán
que no hay salida, que a pesar de los intentos, no hay forma de resolver el
conflicto, de salir de la adversidad.
Las emociones estarán también haciendo lo
suyo, añadiéndole temor y duda a nuestro ser.
Las voces vecinas querrán ayudar,
pero no siempre serán con palabras alentadoras que aviven la llama de la fe que
se nos puede estar apagando.
El miedo, los pensamientos, la incertidumbre,
mostraran el panorama oscuro y harán ver la tormenta más potente de lo que en
realidad es.
Nuestros temperamentos comenzarán
aflorar su parte más débil, dominado el carácter y las emociones de forma
negativa, sin ofrecer ninguna ayuda a la situación.
Pero la presencia de Dios es más
grande y real que cualquier realidad… Es cuando doblamos rodillas, cuando nos
rendimos por completo al Señor, cuando le damos Su lugar correspondiente, que
Él comienza a actuar, sacando fuera todo lo que hace daño y lo que da poder al
problema (Llamase como se llame). Es ahí cuando el Espíritu Santo nos recuerda
cada una de sus promesas, y cada una de esas palabras del cielo que hemos
tenido atesoradas.
Cuando lleguen esos momentos oscuros,
donde no vemos salida y perdamos la calma; adoremos, oremos, clamemos y el
Señor actuará de forma sorprendente y maravillosa, como siempre lo hace. Él es
fiel, Él nos ama y nunca va a dejar de cumplir sus promesas en nuestras vidas.
La Biblia dice en Lucas 18:27, que lo
que es imposible para el hombre es posible para Dios. Cuando se nos acaban las
fuerzas y permitimos que el Señor actúe, es donde vemos la mano poderosa de
Dios hacer milagros, es donde vemos la
gloria de Dios manifestarse, es cuando entendemos, que sin Él nada somos y que
dependemos totalmente de Dios.
Al tener comunión y devoción con el
Señor, todo comenzará a cambiar para bien, nuestro amoroso Dios, comenzará a
colocar en orden todo cuanto podamos imaginar y hará todo lo que humanamente
nos resulta imposible realizar. Y cuando vengan las dificultades, Él tomará Su
puesto y podremos seguir adelante sin miedos, sin dar lugar a la duda.
Ancris
Guevara.

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